La Federación Italiana de Rugby ha detallado el plan a medio plazo para su selección femenina, con el Mundial 2029 como horizonte principal y el actual Seis Naciones como una fase de transición en la que el foco está puesto en las prestaciones más que en los marcadores. En una entrevista publicada por OnRugby.it, el director técnico Franco Pacini explica, entre otros puntos, por qué Italia y España han decidido cerrar el proyecto conjunto de franquicias financiado por World Rugby para volcar sus esfuerzos en el desarrollo de sus ligas domésticas.

Un ciclo pensado ya en el Mundial 2029

Pacini explica que el nuevo ciclo del rugby femenino italiano está diseñado con el Mundial 2029 como punto de llegada, asumiendo que los Seis Naciones de los próximos años formarán parte de una fase de transición. En esta etapa, la FIR acepta que los resultados pueden ser irregulares y pone el acento en la calidad de las prestaciones y en la consolidación de una identidad de juego estable antes de pensar en objetivos clasificatorios.

La M21 como puente entre la élite y la base

Una de las grandes apuestas es el nuevo Seis Naciones M21 femenino, que permite alinear hasta cinco jugadoras M23 fuera de cupo. Pacini lo define como una herramienta para “ensanchar la base de selección” y para dar minutos internacionales a jugadoras que ya están en el grupo absoluto pero tienen poca presencia en los partidos, o que se encuentran bloqueadas por la competencia en su posición.

El técnico cita los casos de Sara Mannini y Alia Bitonci, que siendo todavía M21 forman parte de la dinámica de la absoluta y se benefician de este doble nivel de competición. El torneo también sirve de puente para jugadoras que vienen del Festival M18, que pueden acumular hasta seis semanas de actividad internacional en una misma temporada y reducir así el salto entre la Serie A Elite y el nivel de test matches.

Fin del proyecto Italia–España y dudas sobre la Celtic Challenge

Pacini confirma que el proyecto conjunto de franquicias entre Italia y España, impulsado con financiación específica de World Rugby, ha llegado a su fin porque “no daba grandes beneficios rugbísticos” para ninguna de las dos federaciones. Según detalla en la entrevista, tras dos temporadas de experiencia ambas uniones coincidieron en que era más eficiente redirigir esos recursos hacia el fortalecimiento de sus propias ligas y estructuras de selección, en lugar de mantener una franquicia binacional que no estaba elevando el nivel competitivo al ritmo esperado.

Respecto a una posible entrada italiana en la Celtic Challenge, Pacini reconoce que deportivamente sería un paso lógico, pero señala que por ahora los condicionantes económicos y comerciales hacen difícil un desembarco inmediato. De momento, la FIR prioriza reforzar su propia liga y la estructura de selecciones antes de abrir nuevas franquicias transnacionales.

Reforzar la Serie A Elite y gestionar el relevo generacional

El primer eje interno del plan es aumentar el apoyo al campeonato doméstico femenino, tanto a nivel técnico como organizativo. La FIR asume que la salida de jugadoras consolidadas a ligas extranjeras puede ser positiva si paralelamente se acelera el crecimiento de las jóvenes en la Serie A Elite, donde se quiere dar más espacio y responsabilidad al relevo generacional.

Pacini menciona en particular la transición en la primera línea, un puesto en el que la renovación es más lenta y donde Italia está asumiendo “riesgos calculados” al dar minutos de peso a jugadoras con pocos caps. El horizonte de consolidación que maneja la dirección técnica es de dos o tres temporadas, en las que los resultados pueden sufrir mientras se estabiliza el nuevo grupo.

Proyecto Exiles femenino y scouting internacional

Otro de los pilares del plan es la creación de un proyecto Exiles específico para el rugby femenino, inspirado en el que ya funciona en el rugby masculino italiano. El objetivo es identificar jugadoras italianas o de origen italiano en el extranjero, especialmente en países con fuerte presencia migratoria como Inglaterra, donde Pacini estima que hay unas 700.000 personas de reciente emigración italiana.

La entrevista cita ejemplos concretos, como una jugadora sub-21 de apellido Moioli que vive en Inglaterra y juega actualmente en Montpellier, ya incorporada a las categorías inferiores de Italia. También se menciona el caso de otra jugadora inglesa llegada a través de Exiles, a la que esperan ver pronto con la sub-21 una vez superada su lesión. Pacini subraya que, a diferencia del masculino, en el rugby femenino no son las propias jugadoras ni sus agentes quienes suelen ofrecerse, por lo que la federación debe hacer un trabajo activo de detección.

Ampliar la base y combatir las desigualdades territoriales

Más allá de la élite, Pacini reconoce que el aumento de la base de practicantes femeninas es un proceso de largo recorrido, de entre siete y diez años. Entre los obstáculos que señala están los sesgos culturales todavía presentes en Italia, la fuerte desigualdad territorial —con pocas zonas realmente densas, como el Veneto— y las dificultades logísticas que implican desplazamientos de hasta 300 km para disputar un partido sub-14.

Para mitigar estos problemas, la FIR ha replanteado el trabajo territorial, intentando aprovechar mejor los huecos de calendario de los clubes y dando más oportunidades a que las chicas puedan jugar a XV en etapas donde actualmente ya cuesta completar las ligas. La idea es que la estructura de base acompañe al proyecto de la selección absoluta y al objetivo final de llegar al Mundial 2029 con un grupo más amplio y competitivo.

Fuente: Entrevista de OnRugby.it a Franco Pacini · Foto: FIR / OnRugby

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